martes, 5 de abril de 2011

Lengua anónima

Bienvenidos otra noche más al eclipse estelar. Más allá de las sensaciones intensas, hallarás el punto de convergencia en lo más soberbio de este encuentro.

Es un fenómeno extrasensorial que sobrepasa al Nirvana, fuera de los límites humanos y supremos.
Explora toda compañía. No es una conquista, pero sí una batalla en busca de armonía. Un uno con el todo. La reminiscencia del alma.

Es egoísta, pero también quiere dar. Sabe lo que le apetece, y lo que tú buscas en él; una simbiosis auditiva, gemido saliente de la tuya, convulsión entrante en la mía. Tacto palmo a palmo repasando tu piel ardiente apunto de enfermar. Visión dilatada. Olfato de azahar. Deporte intenso lleno de riesgos. Despertar al pecado en un acelerado recorrido por el paladar. Peinar tu respiración. Y cruzarse con tus dedos callando latidos.

Te quiere conceder toda clase de consuelos. Locura candente que arropa entre sábanas sus deseos, expuesto a la brevedad de su nombre, hundiendo labio en labio, la mentira de mi cuerpo. Captar en todo momento el qué decir, sin decir.
Las almohadas se muerden entre si expectantes de los gritos que nos vacían.
 
La Luna muere de calor y murmura un placer sofisticado viendo desgarrarse la tinta de mi cuerpo entre tus uñas, borrándome el universo. Y comienza a delirar; mente en blanco. Baile dispar. Humedad. Clímax cabal. Deja caer tus lágrimas y rompe el silencio final.

–Huérfano de pecho; sé suya. Suya por completo. –

Tú de mí. Yo de ti. Somos nuestros. De él. Nos acoge a ambos. Yo por ti. Y tú para mí. Él en nosotros. Toda tú. Y despierto… Te miro. Te beso. Despertamos. Los dos en la cama. Tu piel me llama hechizado. Paro el tiempo al ritmo de nada. Te recorro ahora iluminada por la mañana. Te deseo. Juegas. También me deseas. Nos abrazamos. Amamos. Adormecido te sonrío.
Nacemos con ganas.

Peligro de derrumbamiento

Otoño; estación de la nostalgia.
Te llevaré a casa. Y camino descalzo por una playa, esbozando el recuerdo de una noche con los ojos mal cerrados.
No quiero ni pensar en poemas. Basta de estrofas escritas al peso y medidas en corchea. Se me pudren las ideas y las historias zigzagüean.
Un amor sin álbum de fotos en un Noviembre cualquiera.

Costumbres ilimitadas

Las obsesiones nunca llegan a materializarse.
Un sueño que se hace realidad, no puede considerarse un sueño.
Los lobos nunca atacan a las personas, eso solo ocurre en la ficción.
La realidad es distorsionada por los ojos de quien la observa detenidamente desde el desconocimiento de la verdad.
El cielo no es azul.
Irrocionalmente, la arquitectura de una compleja muerte es más sencilla, piramidalmente, que la comedia en si.
Cualquier eco puede ser reverberado en el desconsuelo de una caverna.
El fútbol tiene más audiencia que el cine erótico.
Los hechos más absurdos tienden a comportarse como verdades absolutas.
Estamos faltos de medicación.
Relajarse un poco más significaría vivir como un cadáver.
Deja de ser importante lo que haces, por lo que parece que estás haciendo.
Para de preocuparte por todo.
El miedo puede controlarse, no en cambio, la idea de este siempre acompaña al oyente.
Vivimos en una repetición constante de hechos.
Un desarrollo cíclico.
Inoportunamente elegimos prescindir de la rutina para comenzar, sin saberlo, otra nueva, paralelamente inservible.
Leemos en el periódico esa progresión en la vida de otros.
Algunos nacen sabiendo, otros viven sin conocer.
Buscamos un instante de éxtasis ahondando en el devenir del conocerse uno mismo.
Alcanzamos ese momento de abandono en la adolescencia.
El estallido de placer es encontrado en el último estertor acontecido, frenéticamente, tras el momento de abandono.
Cuando amamos, también morimos un poco.
Contemporáneamente, los payasos han muerto.

Sigo la estela del astro rey

Atados; tú a mi cintura, yo a tu locura, y aunque no te vea la cara, sé que estás sonriendo. La gravedad es lo único que puede tirarme al suelo. El resto está en tus manos, vamos a probarlo antes de echar el vuelo.
Los estados de ánimo se materializan en un cruce de palabras, sustanciando una extraña mezcla de gula y lujuria, que caminan de la mano por la esquina desbordando al resto de pecados capitales. Lo que sea, pero probándote, que de los siete, elegí uno de los mortales.
Sin cura alguna, más que remedios naturales; funcionan aquí y en cualquier parte.
Pero es difícil concentrarse tan cerca de las estrellas, estén en sombra, si el remedio no se da en dosis adecuadas. La fórmula: hacerlo con el justo oxígeno acariciando nuestros labios. Dos formamos la existencia.
Algo directo: vámonos aparte. Que se muevan los planetas pequeños y asustados. Perdamos el control. Vivamos algo bestial, algo que no podamos olvidar. Vivamos un vado permanente donde tú y yo podamos vivir en paz. Escondámonos cerca de la primera estrella polar.
Que empiece la mudanza.

Busco motivos para no quererte ahora; miente.

Fine

Soy el corazón roto de Jack El Destripador. / Fine
Soy todo aquello que no te atreves a hacer.
Soy tu miedo a lo real.
El retrato de un auténtico caballero.
Arturo, por enamorarme de Ginebra.
Soy el superhéroe que enfrenta al destino.
Soy sobrenatural.
La partitura inacabada de Mozart.
El silencio de las golondrinas enjauladas en tu voz.
Soy lo que se escribe.
Un ánima para recordar.
Una tormenta sin fuegos artificiales.
Soy la indiscreción.
Soy la flecha que talla el árbol.
La estadística incorrecta.
Un circo sin leones.
Soy octubre. Y luego noviembre.
Soy el afán de las convicciones.
La excepción que rompe la regla.
Soy la condición de ser incondicional.
Soy el esfuerzo de hablar.
Soy certero.
Soy pasión.
Soy drama.
Soy tentación.
Soy el amor de París y las llamas de Nueva York.
Chérie, je t'aime and I need you now.
La tendencia que no pasa de moda.
La sola idea de la redención.
Soy necesidad.
La electricidad del aire que eleva a las nubes.
Soy el castillo de naipes.
El wishky doble antes del cigarro de después.
Soy imposible de describir.
Soy para toda la eternidad.
Soy más pasión. Deseo. Lujuria. Ardor.
Soy el delirio de la vergüenza.
Soy frenético.
La bestia de Bella.
Soy la calma...
Una aventura.
Soy la perfecta ilusión de Houdini.
Soy el truco final.
Mayor que la ambición de Ronald Biggs.
Soy una vía de escape.
...Y soy real.
/ D.C. al Fine /

La disonancia de tres vórtices (''ella'', yo y superyo)

Viene del norte el proverbio: “El fondo del corazón está más lejos que el fin del mundo”. No fuera cierto este refrán si no contáramos con una cualidad artificiosa que permite al emisor lanzar un mensaje -ya sea mediante letras o acciones- algo más que alentador para su destinatario, promulgando de dicho modo una serie de irritaciones y alergias non gratas.
Esta es idéntica al cúmulo de desorientaciones contagiadas por un panorama aparentemente árido, devastado y desesperanzado, que otras labores, quizá más naturales entre seres semejantemente racionales, pudieron haber desembocado en esta trifulca grotesca y agotadora, que con el fin de un egoísmo benevolente -y, no queramos engañarnos más de lo que acostumbramos, pues en estas situaciones es bien conocido el individualismo que tratamos-, más pasivo en cuanto a momentos de tensión se refiere; no deja tras de si más que un halo de ambiciones frustradas, que hilarantemente, vuelven a provocar ese condenado ardor.
Pero sin más dilación, llamaremos a ese hilarante calor bajo la piel: ''amor''. Y nos gusta experimentarlo.