Bienvenidos otra noche más al eclipse estelar. Más allá de las sensaciones intensas, hallarás el punto de convergencia en lo más soberbio de este encuentro.
Es un fenómeno extrasensorial que sobrepasa al Nirvana, fuera de los límites humanos y supremos.
Explora toda compañía. No es una conquista, pero sí una batalla en busca de armonía. Un uno con el todo. La reminiscencia del alma.
Explora toda compañía. No es una conquista, pero sí una batalla en busca de armonía. Un uno con el todo. La reminiscencia del alma.
Es egoísta, pero también quiere dar. Sabe lo que le apetece, y lo que tú buscas en él; una simbiosis auditiva, gemido saliente de la tuya, convulsión entrante en la mía. Tacto palmo a palmo repasando tu piel ardiente apunto de enfermar. Visión dilatada. Olfato de azahar. Deporte intenso lleno de riesgos. Despertar al pecado en un acelerado recorrido por el paladar. Peinar tu respiración. Y cruzarse con tus dedos callando latidos.
Te quiere conceder toda clase de consuelos. Locura candente que arropa entre sábanas sus deseos, expuesto a la brevedad de su nombre, hundiendo labio en labio, la mentira de mi cuerpo. Captar en todo momento el qué decir, sin decir.
Las almohadas se muerden entre si expectantes de los gritos que nos vacían.
La Luna muere de calor y murmura un placer sofisticado viendo desgarrarse la tinta de mi cuerpo entre tus uñas, borrándome el universo. Y comienza a delirar; mente en blanco. Baile dispar. Humedad. Clímax cabal. Deja caer tus lágrimas y rompe el silencio final.
–Huérfano de pecho; sé suya. Suya por completo. –
Tú de mí. Yo de ti. Somos nuestros. De él. Nos acoge a ambos. Yo por ti. Y tú para mí. Él en nosotros. Toda tú. Y despierto… Te miro. Te beso. Despertamos. Los dos en la cama. Tu piel me llama hechizado. Paro el tiempo al ritmo de nada. Te recorro ahora iluminada por la mañana. Te deseo. Juegas. También me deseas. Nos abrazamos. Amamos. Adormecido te sonrío.
Nacemos con ganas.
Nacemos con ganas.