Las obsesiones nunca llegan a materializarse.
Un sueño que se hace realidad, no puede considerarse un sueño.
Los lobos nunca atacan a las personas, eso solo ocurre en la ficción.
La realidad es distorsionada por los ojos de quien la observa detenidamente desde el desconocimiento de la verdad.
El cielo no es azul.
Irrocionalmente, la arquitectura de una compleja muerte es más sencilla, piramidalmente, que la comedia en si.
Cualquier eco puede ser reverberado en el desconsuelo de una caverna.
El fútbol tiene más audiencia que el cine erótico.
Los hechos más absurdos tienden a comportarse como verdades absolutas.
Estamos faltos de medicación.
Relajarse un poco más significaría vivir como un cadáver.
Deja de ser importante lo que haces, por lo que parece que estás haciendo.
Para de preocuparte por todo.
El miedo puede controlarse, no en cambio, la idea de este siempre acompaña al oyente.
Vivimos en una repetición constante de hechos.
Un desarrollo cíclico.
Inoportunamente elegimos prescindir de la rutina para comenzar, sin saberlo, otra nueva, paralelamente inservible.
Leemos en el periódico esa progresión en la vida de otros.
Algunos nacen sabiendo, otros viven sin conocer.
Buscamos un instante de éxtasis ahondando en el devenir del conocerse uno mismo.
Alcanzamos ese momento de abandono en la adolescencia.
El estallido de placer es encontrado en el último estertor acontecido, frenéticamente, tras el momento de abandono.
Cuando amamos, también morimos un poco.
Contemporáneamente, los payasos han muerto.
Un sueño que se hace realidad, no puede considerarse un sueño.
Los lobos nunca atacan a las personas, eso solo ocurre en la ficción.
La realidad es distorsionada por los ojos de quien la observa detenidamente desde el desconocimiento de la verdad.
El cielo no es azul.
Irrocionalmente, la arquitectura de una compleja muerte es más sencilla, piramidalmente, que la comedia en si.
Cualquier eco puede ser reverberado en el desconsuelo de una caverna.
El fútbol tiene más audiencia que el cine erótico.
Los hechos más absurdos tienden a comportarse como verdades absolutas.
Estamos faltos de medicación.
Relajarse un poco más significaría vivir como un cadáver.
Deja de ser importante lo que haces, por lo que parece que estás haciendo.
Para de preocuparte por todo.
El miedo puede controlarse, no en cambio, la idea de este siempre acompaña al oyente.
Vivimos en una repetición constante de hechos.
Un desarrollo cíclico.
Inoportunamente elegimos prescindir de la rutina para comenzar, sin saberlo, otra nueva, paralelamente inservible.
Leemos en el periódico esa progresión en la vida de otros.
Algunos nacen sabiendo, otros viven sin conocer.
Buscamos un instante de éxtasis ahondando en el devenir del conocerse uno mismo.
Alcanzamos ese momento de abandono en la adolescencia.
El estallido de placer es encontrado en el último estertor acontecido, frenéticamente, tras el momento de abandono.
Cuando amamos, también morimos un poco.
Contemporáneamente, los payasos han muerto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario